martes, 11 de septiembre de 2007

Arjona: "La mujer es una maestra en chantajes"


Ésta entrevista fue realizada en la habitación del Hotel Santa Clara, donde Arjona estaba alojando. Tome algunas preguntas para no hacer tan larga la lectura.

Ha dicho usted que la mujer tiene un alma ventajosa sobre el hombre...
—Es que nos llevan ventajas en la manera de ser y expresar sentimientos. No dan vueltas para abrazar y solidarizarse. Cuando tienen que llorar lloran, no se reprimen.
Hace poco necesitaba escoger una entre tres canciones y no dudé en preguntarle a mi hija Adrián, y ella me dijo: la tercera. Esa sinceridad es contundente.
Los hombres se manifiestan menos, tienden a la mentira y el complejo del macho les inhibe expresarse, son una mochila de culpas y complejos. La mujer no.

Pero le he oído contar una bella historia de infidelidades y chantajes.
—Bueno, la mujer es maestra en chantajes. Un buen amigo que tenía uno o dos meses de no ver a su mujer y a su hijo, me llamó el día de su llegada para invitarme a jugar billar. Escuché a través de su celular cuando la mujer lo regañó diciéndole: “¿Cómo es posible que te vayas para la calle apenas en el regreso?”
Entonces empezó la cantaleta y el chantaje: “Si te vas, ya sabes que encontrarás tu ropa en la puerta”. El hombre sólo respondió: “Ok”.
En ese silencio, la mujer preparó el segundo chantaje: “Si te vas, no volverás a ver nunca más a tu hijo”. El hombre respondió: “Ok”.
La mujer preparó el tercer chantaje: “Respóndeme. Ahora que ya no volverás más a la casa y no verás a tu hijo, ¿qué quieres que le diga? El hombre respondió: “Dile que me morí”.
Aquello respuesta fue un golpe para ella. En la noche esa mujer estaba dándole besitos a ese hombre. Creo que el que manda es el que menos ama.

Ha estado usted tras los pasos de García Márquez. ¿Ha tenido un encuentro personal con él?
—No. Vivo muy cerca de él en el mismo barrio en México, pero jamás nos hemos visto. Mi admiración es tan grande que he preferido interiorizarla.
Una vez mi amiga Rigoberta Menchú me llamó para decirme que estaba junto a Gabo y que si yo quería ir a su encuentro. Y preferí no ir. Ahora, en este viaje a Colombia, he tenido la inmensa alegría de conocer a Aracataca y entrar a la casa donde nació, ver la estación del tren, estar en la vieja casa del telegrafista.
Yo había venido a Cartagena hacía 14 años y me llamó la atención la existencia de un pueblo llamado Arjona. Fui incluso allá y conocí una canción que se llama “El brujo de Arjona”.

Un hombre exitoso como Arjona, ¿a qué le tiene miedo?
—Le tengo miedo al miedo. Soy un hombre que tiene muchos miedos, pero los meto todos en una licuadora y sale uno solo.
Cuando niño me sentía transparente. Era flaquito y sentía que las miradas me perforaban. Algo de loco debe tener un hombre a la hora de salir a un auditorio a cantarle a quince mil personas.
Cada vez que ocurre eso, yo lo vivo con la emoción y los miedos de la primera vez; y no creo que eso sea un libreto repetitivo. Me gusta la libertad, no me gusta acostumbrarme a que las cosas sean iguales. No hay que ser excesivamente serio. Hay que burlarse de uno mismo.